San Sebastian el oeste
Si salirse de lo cotidiano con una pequeña aventura, es atrayente para usted, viaje en el tiempo a cuando la vida era menos agitada y los simples eventos de cada día tenían mucho más significado.
Aunque este pequeño rincón en la montaña, no está muy lejos de Puerto Vallarta, es un mundo aparte de la costa y muy distinto a sus vecinos más cercanos, Mascota y Talpa de Allende, todos, accesibles directamente de Puerto Vallarta a caballo, en auto, camión o avioneta.
San Sebastián es un antiguo pueblo minero, un tanto tirado al olvido, que con una distinguida plaza y típicas construcciones, aparece tal y como lo hizo hace más de ciento cincuenta años. Algunas viejas minas, ahora en ruinas, pueden todavía ser visitadas. Emprender una caminata o un paseo a caballo a través del espeso verde de la montaña es una forma de explorar; podrá saborear la tranquilidad del bosque, los sonidos naturales y maravillarse con las vistas panorámicas de la Sierra Madre.
Un primer vistazo a la plaza advierte que San Sebastián es único (600 habitantes, altura 1,310m sobre el nivel del mar). Y es claro que la gente está orgullosa de vivir aquí. La plaza empedrada en la falda de la montaña, rodeada de edificios blancos, de la conservadora catedral con campanario y de un kiosco porfiriano, representa la imagen perfecta del señorío del siglo XIX.
El porqué de San Sebastián, es el mismo que el de otros pueblos mexicanos de montaña: el oro y la plata de las minas que se desarrollaron a principios de 1600 y fueron explotadas una y otra vez hasta 1930. Hoy en día, la fiebre de oro ha decaído y las 30 mil personas, afligidas por ello, partieron hace mucho. Ahora, San Sebastián -oficialmente San Sebastián del Oeste- se gana la vida de otras formas: además de la siembra tradicional de maíz y la cría de ganado, la gente local cultiva café y recientemente agave, en la falda de las montañas.
Lugares para visitar
La mejor vista panorámica de la Sierra Madre, la tiene La Bufa. El camino de Puerto Vallarta al pueblo llega por el lado oeste de la plaza, en la cima distante, La Bufa (2,560m) corona la cordillera del este.
Más allá del extremo norte de la plaza se encuentra la Iglesia del pueblo dedicada a San Sebastián quien fuera mártir en Roma en 288 DC. La iglesia, restaurada durante los años ochenta, reemplazó a la estructura anterior, del siglo XVII, que fue destruida por el terremoto de 1868. Como buenos católicos, la gente local celebra el día de su santo patrono, las fiestas del pueblo son celebradas el 20 de enero.
Cerca de la esquina noreste de la plaza, visite la miscelánea de Maria Francisca Pérez Hernández, mejor conocida como Pachita Pérez, una modesta poeta local autora de La caída de los cedros, donde lamenta la tala de los viejos cedros que decoraban la plaza antes de su renovación en 1984. Pachita, vende panfletos con sus poemas y con la historia local del padre-cronista Gabriel Pulido Sendis.
La Quiteria es la mina local más famosa. A unos ocho kilómetros, al noroeste, al final de un camino de terracería se encuentran las ruinas de La Quiteria. La maquinaria, las paredes desnudas, las excavaciones abiertas, y restos de minerales es todo lo que queda de esta mina que produjo millones en oro y plata antes de cerrar alrededor de 1930.
En la esquina sureste de la plaza (enfrente de la oficina de correo), está el Pabellón que tuvo gran importancia en la era minera y ha sido bellamente restaurado para mantener su encanto.



